Difícil estar más avisados

22/09/2013

Hace días se ha publicado en Estados Unidos el libro de Diane Ravitch (@DianeRavitch en Twitter)  Reign of Error, de la editorial Alfred A. Knopf. En él Ravitch explica la estrategia que han seguido durante los últimos años algunos políticos, empresarios e inversores para destinar cada vez más dinero público de la educación a empresas privadas.

Pese a las grandes diferencias que hay entre Estados Unidos y España, o precisamente  por existir esas diferencias, llama la atención la cantidad de capítulos, párrafos y frases que casi podrían aplicarse sin cambiar una coma a lo que está sucediendo en España. Llama la atención y pone al descubierto el origen de muchas ideas e iniciativas que en España buscan un idéntico objetivo con idénticos argumentos.

La estrategia dice Ravitch, consiste en desprestigiar el sistema público presentándolo como un sistema fracasado, desprestigiar a sus profesores diciendo que trabajan poco, que ganan demasiado o que sólo piensan en sus derechos y no en los alumnos, y crear así un estado de opinión favorable a la enseñanza privada y la concertada, que aparecen, sin que nadie sepa muy bien por qué motivo, como la única solución posible.

Este párrafo de Ravitch da buena idea de las similitudes con España: 

“Tienen un mensaje bien preparado: Somos los reformistas. Tenemos la solución. Los colegios públicos están fracasando. Están en decadencia. No funcionan. Están obsoletos y no tienen remedio. Queremos innovar. Sabemos qué hacer para arreglar los colegios. Sabemos lo que hay que hacer para evitar el fracaso escolar. Lideramos el movimiento por los derechos civiles de nuestro tiempo. Queremos que en todas las clases haya un gran profesor. El número de alumnos por clase no importa. Los profesores deben cobrar más cuando sus alumnos saquen mejores notas en las pruebas externas. Y si sus alumnos no mejoran, hay que despedirlos. La estabilidad laboral de los profesores sólo sirve para proteger a los malos profesores. Los problemas de aprendizaje son culpa de malos profesores. Cuando los profesores son buenos no hay fracaso escolar. Los sindicatos de enseñanza sólo se preocupan del dinero y no les importan los niños. La gente que saca a colación el tema de los niños pobres solamente busca excusas para justificar a colegios y profesores que no saben hacer su trabajo. Los que no están de acuerdo con nuestras ideas se aferran a lo más cómodo. No dan soluciones alternativas. Nosotros sí. Sabemos lo que funciona. Las pruebas externas funcionan. Exigirle progresos a los profesores funciona.  La enseñanza concertada funciona. Cerrar colegios que no superan unos resultados mínimos en las pruebas externas funciona. Pagar extra a los profesores que consiguen resultados superiores en esas pruebas funciona. El aprendizaje online funciona. Reemplazar profesores con enseñanza online no sólo funciona, sino que ahorra costes y permite que aumente el número de empresas que ofrecen innovación educativa.”

Los abanderados de la privatización no se conforman con poco. No sólo dicen tener derecho a pensar así, sino que se presentan a sí mismos como defensores de la libertad y de los derechos. Sin embargo, simultáneamente proponen un sistema educativo que sólo podría existir conculcando derechos básicos como el de igualdad de oportunidades o el de no discriminación. No es algo nuevo. Es algo que ya está pasando, pero quieren más. En un sentido acorde con la lógica empresarial, son insaciables. La lógica del negocio es esa, y ese es uno de los problemas de abrir la educación a los inversores: quieren siempre más. Dicen que lo que más les importa es que los niños reciban la mejor educación, pero lo único que hacen es hablar de pruebas externas, que son una burla de la buena educación. Son una burla porque reducen la educación a algo parecido al examen teórico de conducir y porque dejan cada vez más abandonados los múltiples aprendizajes interesantes que pueden darse en el colegio, entre ellos el mismísimo deseo de aprender. 

Los recortes en educación, sin embargo, no preocupan a ninguno de estos defensores de la educación, probablemente porque cada recorte supone un porcentaje mayor de recursos públicos derivados a sus empresas e inversiones. Ravitch enumera unas cuantas cosas que no les preocupan: 

“Rara vez protestan por los recortes presupuestarios, por masivos que sean. No se quejan cuando los gobiernos quitan miles de millones a la educación a la vez que dicen que lo hacen para reformarla. No protestan cuando suben los índices de pobreza infantil. No se quejan de la discriminación racial. No ven ningún inconveniente en que se dedique cada vez más tiempo a preparar las pruebas externas. No se les oye cuando se reducen actividades artísticas, bibliotecas, educación física y a la vez se gasta más dinero en pruebas externas. No se quejan cuando se anuncian pruebas para niños de educación infantil o incluso pre-infantil. No se quejan del aumento de número de alumnos por aula. No tienen objeciones al currículo cada vez más dirigido o a la pérdida de autonomía profesional de los docentes. No les parece mal que se sustituya a profesores con experiencia con jóvenes que sólo ha recibido semanas de formación. Hacen como si no vieran que la concertada acepta una cantidad desproporcionadamente pequeña de niños con discapacidad, de familias desestructuradas, o niños que no hablan bien inglés (de hecho, niegan sistemáticamente esta realidad, incluso cuando se les presentan los datos federales). No se quejan de que haya empresas con ánimo de lucro que gestionan colegios concertados o de que se subcontrate a empresas privadas para realizar servicios que eran públicos. De hecho, reciben con los brazos abiertos en el grupo de reformistas a los emprendedores, bien como socios o como inversores.” 

Los parecidos son innumerables. En el libro de Ravitch se describe y analiza el argumento de la “libertad de elección de centro” como una de las banderas del movimiento, un argumento que ha utilizado entre otras la Comunidad de Madrid y que Ravitch describe como una de las ideas más utilizadas para acabar con la posibilidad de elegir la educación pública.

El libro merece la pena en varios sentidos, pero es especialmente interesante desde el punto de vista español porque ofrece una clara perspectiva de cuál es el origen de las ideas que ponen en práctica administraciones públicas desde el ministerio de educación a comunidades autónomas, diputaciones y ayuntamientos. Deja a la vista, por si no estuvieran claros, sus objetivos y lanza un mensaje optimista: pese al poder de los que llevan a cabo la sustitución de la enseñanza pública por un modelo privado, la escuela pública ganará la batalla en la medida en que se entienda que la escuela pública es la única que pertenece a los ciudadanos, que no hay pruebas de que la privatización mejore la educación, sino todo lo contrario, y que el fracaso de la enseñanza pública es una mentira construida interesadamente por personas, empresas e inversores que quieren que el dinero de los impuestos que hoy va a la educación pública pase por sus cuentas bancarias.

La escuela pública no es perfecta y nunca lo ha sido. Por poner un ejemplo que en España se cita a menudo para justificar la creación de centros concertados (el argumento de los profesores “vagos” y “apoltronados” en su plaza fija), la estabilidad laboral de los docentes que defiende Ravitch, y que en Estados Unidos se llama tenure, dista mucho de ser un blindaje laboral de por vida, algo que sí ha sido el funcionariado en España. En Estados Unidos el tenure sólo se consigue tras varios años de experiencia laboral y existen formas justas de retirárselo a docentes que de forma inequívoca incumplen con sus obligaciones. 

Pero que un sistema educativo público tenga algunos problemas no significa que deba destruirse y reemplazarse con uno privado. Eso quisieran algunos. Lo que debe hacerse es arreglar esos problemas y seguir introduciendo mejoras en beneficio de la sociedad, y no de algunos solamente, porque la supuesta mejora que, según Ravitch, nos quieren hacer creer que traerá la privatización no es más que una entelequia.

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6 comentarios to “Difícil estar más avisados”


  1. […] Fuente utilizada: https://sarmientopedro.wordpress.com/2013/09/22/dificil-estar-mas-avisados/ […]

  2. bmir Says:

    No conocía a Diane Ravitch, ni su libro. Pero voy a buscarlo, sin duda.
    Gracias por el aporte, Pedro.
    Un abrazo,
    Boris

    • Pedro Sarmiento Says:

      Pues tiene pinta de que te va a interesar. Te recomiendo su blog y su cuenta de Twitter @DianeRavitch . Gracias a ti 😉

  3. yolajb Says:

    Gracias, Pedro. A mi también me sirve saber que somos mucha la gente que no encuentra la solución al fracaso y al desencanto en la privatización ni en los exámenes externos. Creo que aprender por curiosidad es algo que hacemos desde que nacemos. Si dejamos de alimentar esta curiosidad y a cambio ofrecemos más exámenes estaremos tomando un camino equivocado.


  4. Qué interesante y contundente el artículo. Genial la referencia al libro. Y un buen punto de partida hacia donde deberían ir los esfuerzos en defensa de la Escuela Pública.
    Creo que muchos de los intentos por defenderla se centran en vagos ataques a diversos planes institucionales (Uso de TIC, bilingüismo, etc…) o hacia centros de carácter concertado que muchas veces son un mero tópico ya un poco manido.
    Quizá lo que me resulta más curioso es que en distintos estamentos e instituciones he encontrado diversas posturas sobre este tema. Y dentro de la administración, docentes y familias hay gente que apuesta por “la escuela pública… que pertenece a los ciudadanos” y también su versión opuesta.
    Con una fuerte autocrítica y un trabajo intenso desde dentro seguiremos aguantando el chaparrón. Con imaginación, innovación y buen criterio somos lo que queremos. Lo único que el entramado nunca había sido tan complejo.

    Gracias por el artículo.


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