Educación y negocios

11/03/2013

Como actividad económica del sector privado, la educación obligatoria en España no parecía tener un peso llamativo hasta hace poco. El crecimiento de la escuela pública durante los últimos años hacía que el presupuesto total de centros privados o privados concertados (empresas, órdenes religiosas, fundaciones) fuera, por comparación, menos, y en buena parte el negocio privado de la educación estaba en entidades que ya lo explotaban antes de la democracia.

Ahora las cosas están cambiando. Educar es mejor negocio, y no sólo por los ingresos directos en concepto de matrícula. Más bien parece que el margen está en la suma de muchos conceptos que se extienden cada vez durante más años: comedor, transporte, actividades extraescolares, cursos de verano, materiales, equipos informáticos, uniformes, ropa deportiva, y puede que grados y postgrados universitarios. Como ya descubrieron hace décadas muchas empresas, la fidelización de la infancia es un buen negocio.

Al crecer significativamente la red de centros privados, estos ingresos han pasado a ser mucho más atractivos. Y junto a ellos aflora el nuevo negocio de la evaluación: no sólo se administran exámenes externos a millones de alumnos en distintos momentos de sus vidas (cada vez más alumnos y cada vez más momentos), sino que aparecen nuevos materiales que ayudan al alumno a hacer bien los exámenes externos. No basta la formación y contratación de cientos de miles de docentes especializados, entre otras cosas, en la evaluación: estamos creando un sistema paralelo que casi se presenta como una necesidad social (¿cómo no vamos a evaluar?) y que, además, es un muy buen negocio.

Podemos mirar a Estados Unidos, donde esto no es una tendencia, sino una realidad bien extendida. Allí hay empresas como KIPP (Knowledge is Power Program), que gestiona 125 colegios concertados (en EEUU los llaman “charter”). Son colegios con una media de 2000 alumnos. Allí hay también empresas como Pearson, que firma contratos con el gobierno de cientos de millones de dólares para hacer pruebas externas y que editan además materiales para preparar esas pruebas. Hace años la educación no era un negocio, pero hoy puede ser uno de los mejores.

Es difícil hacer como si esto no tuviera importancia. La lógica tendencia del mundo empresarial a considerar clientes a las personas debería estar, en el caso de los niños, observada y vigilada por el Estado, porque son niños, no son clientes. Una de las formas de evitar este riesgo es disponer de un sistema de educación pública y, si algo falla en ese sistema, no renunciar a él, sino corregirlo. Un sistema de educación pública deja a un lado intereses que son difícilmente compatibles con ideales los educativos que la mayoría de los centros dirá defender.

La idea de que la relación pedagógica, la relación entre maestra y alumna, esté directa o indirectamente condicionada por intereses comerciales, es una desgracia para una sociedad.

La idea de que las personas que toman estas decisiones que pueden convertir la educación en un buen negocio no estén por definición exentas de posibles beneficios de futuros negocios es preocupante. El ministro de educación, por ejemplo, no nos ha asegurado que sus empresas de demoscopia no vayan a beneficiarse de la ola de evaluaciones externas que él mismo está instaurando.

Ojalá se equivoquen los que dicen que el ministro es enemigo de aquello que representa. Ojalá esta preocupación fuera una mera exageración sin fundamento. Puede que lo sea, pero no es nada tranquilizador que no figure en los programas electorales, que no se explique salvo para envolverlo en apariencias disuasorias y en grandes mentiras (como que no hay recortes), que se haga en contra de sectores sociales muy representativos.

Es todo un “curriculum oculto”, como si pudiéramos jugar con algo tan importante como la educación.

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2 comentarios to “Educación y negocios”


  1. Más claro, agua. Lúcido y preciso, a la vez que estremecedor, porque no piensan detenerse. Lo disfrazarán como una gran mejora de la educación pública, como una garantía de que los pobres podrán acceder así a la educación destinada hasta ahora a los ricos, porque no sólo no tienen escrúpulos, no moral, es que además son doctores en manipulación y cinismo. R.I.P. Escuela Pública

    • Pedro Sarmiento Says:

      Podría ser una tendencia mundial: captar clientes desde la escuela. Amancio Ortega (que conste que me lo invento) podría crear la mayor red de colegios concertados de España. Aparte de obligar a llevar uniforme y no permitir que los fabricase el Corte Inglés, extendería su ya extenso negocio a nuevos campos: medicina infantil, alimentación, gadgets, telecomunicaciones…

      Habrá empresarios que estarán pensando: ¿y cómo no se nos había ocurrido?

      Necesitamos un Estado que defienda a los niños de estos intereses.


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