Público/Privado

18/11/2012

Hay una tendencia creciente a la privatización del sistema educativo. Como no se trata de algo publicado en programas electorales, ni expresado abiertamente en discursos o entrevistas, hay que hacer un relativo esfuerzo para verlo. Los políticos que más medidas toman a favor de la privatización suelen ser los que más hablan de un sistema público de calidad, etc.

Aunque la comparación resulte muy tendenciosa, me recuerda a lo que dijeron varias personas cuando el perro de un vecino mordía a la gente y mataba a otros perros: “alguien debería matar al perro, pero, si preguntan, nosotros no lo hemos dicho”.

Las razones para privatizar pueden ser varias. Una es el abaratamiento de los costes. Otra, menos citada, es el negocio que supone para el sector privado. Son argumentos que a muchas personas les hacen pensar que no es tan mala la privatización porque – dicen – así tal vez funcionen mejor los colegios.

Es falso que se trate solamente de privatizar o no privatizar. Hay otras alternativas que se están descartando, como por ejemplo una que cualquiera entiende, que consiste en mejorar el sistema público.

La privatización obedece en parte a una desconfianza en lo público, y por ello a una desconfianza extendida a toda la sociedad, a todos nosotros. “Que lo hagan los empresarios”, viene a decir mucha gente, “porque nosotros no hemos sido capaces de hacerlo bien”.

Y en parte es verdad. Se han cometido errores grandes en la gestión de lo público. Para mí uno de los más dañinos ha sido convertir la formación de maestros en una carrera de perfil bajo que durante décadas ha dado acceso a decenas de miles de personas a plazas de funcionarios.

Sin embargo, lo que parece solución podría ser una simple derrota, un gran error. España, como cualquier país, podría mejorar sus sistema público de educación. No hace falta renunciar a lo público porque se hayan hecho mal las cosas. Hace falta cambiarlo, pero que siga siendo público.

En el caso de la educación, la necesidad de que sea público tiene muy poco que ver con la estabilidad laboral de los docentes. Las prioridades de un país suelen ser más altas de miras. Que una o varias empresas impartan educación dentro de un sistema educativo mayoritariamente público no supone ningún desequilibrio importante. Lo que supone un desequilibrio significativo para un país es que sus ciudadanos sean abiertamente discriminados en función de su poder adquisitivo y en algo tan trascendente como es su acceso a la educación. Bajo la aparente solución de una gestión eficaz y unas cuentas saneadas se nos está presentando un sistema que, por una parte, discrimina a los pobres, para ponerlo en pocas palabras, y que por otra desaprovecha el talento de aquellos que no tienen oportunidad de desarrollarlo/mostrarlo. Como estrategia, es a la vez injusta e ineficaz.

Hay quien piensa que quien vale se sabe buscar los medios para salir adelante y que sólo los torpes se quedan en el camino, pero creo que pensar así es una forma fácil de mirar a otro lado. Lo que necesitamos, para ricos y para pobres, es un sistema del que podamos sentirnos orgullosos. Un sistema que aproveche al máximo el talento de todas las personas. Un sistema justo y eficaz, cueste lo que cueste.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: