La ley de educación y el código civil infantil

16/08/2012

El anteproyecto de ley de educación de José Ignacio Wert contradice todas las ideas que tengo de un sistema educativo admirable. En primer lugar, su mera aparición a los pocos meses de las elecciones es ya la enésima acción vergonzosa de nuestro sistema político. Es terrible que Fernando Alonso cambie de escudería con más frecuencia que el PSOE y el PP de ley de educación.

Además, este zafio anteproyecto trata a los niños como mano de obra en ciernes. Sabemos que todos somos futura mano de obra al nacer, pero de ahí a convertir nuestra educación en la preparación de una entrevista de trabajo hay una gran diferencia. El anteproyecto olvida que la personalidad no se construye sobre tres asignaturas, sino sobre experiencias emocionantes, significativas, memorables, profundas, arriesgadas o sorprendentes. El trabajo infantil está prohibido precisamente porque las competencias profesionales las aprendemos de mayores, una vez que hemos aprendido cosas mucho más importantes, duraderas y trascendentes. La voz con la que nos hablamos a nosotros mismos crece en tantas cosas y circunstancias que la propuesta de reducir la educación a estudio sociométrico de tres o cuatro variables sólo puede entenderse como una propuesta para ignorantes. A lo mejor es que nos la merecemos.

En el anteproyecto los niños reciben un trato de desconfianza digno de reclusos y la ley adquiere tintes de código civil infantil. Ya que por edad no entran en el sistema de justicia, parece decirnos, por lo menos que no se vayan “de rositas”. Es como si los niños fueran culpables de algún pecado original y los maestros su cómplices, y por ello hay que enviarles eficacísimas empresas externas que van a medir científicamente que el aprendizaje esté en su punto, como si en vez de niños fueran barricas de vino o jamones.

Es un anteproyecto basado en la desconfianza, en un afán pseudocientífico de proporcionar datos y variables. Trata  la educación desde el prisma de una tabla Excel e intenta resolver la estulticia de las Comunidades Autónomas con una dosis hasta ahora ignota de estulticia estatal. De hecho, hay dictadores que nunca soñaron con meter tan en cintura al sistema educativo.

Creo que la fórmula es algo más sencilla y consiste en empoderar a los niños, a sus profesores, a sus centros y a sus sistemas educativos. Empoderar es un verbo que aparece en el diccionario de la RAE, aunque a muchos les fastidia, y significa, en dos palabras, dejar hacer, pero se ve que esa es otra historia.

Vendrán tiempos mejores. ¿A que sí?

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2 comentarios to “La ley de educación y el código civil infantil”

  1. operamiguel Says:

    Eso esperamos o, mejor, por eso luchamos.

  2. lolaurbano Says:

    vendrán, pero para las impacientes como yo, ya están tardando…


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