Va de vacas

04/04/2011

Sé poco de educación, pero eso no me evita convivir con grandes contradicciones relacionadas con la educación. Una, por ejemplo, es creer por una parte en la educación pública y por otra desconfiar profundamente de la capacidad de políticos y votantes (nosotros) para hacer de la educación pública algo digno.

Otra contradicción: mientras defiendo que la educación pública es la respuesta a las desigualdades sociales, no estoy nada orgulloso de lo que he hecho como ciudadano para que la educación pública funcione. He aceptado sin rechistar que haya crucifijos en las aulas, que se arrincone a los vulnerables en la escuela pública y a los menos vulnerables en la concertada, que la formación de los docentes sea una carrera-maría, que los colegios públicos sean los edificios más cutres de nuestra arquitectura civil, que se ofrezcan contratos vitalicios a profesores novatos, que se creen universidades a diestro y siniestro para ofrecer más de lo mismo, que la conferencia episcopal tenga voz y voto en el diseño de la política educativa, que los gobiernos no sean capaces de ponerse de acuerdo en aspectos básicos de una ley de educación, etc.

Me cansa el discurso corporativista. Se les atribuye a los políticos, a los médicos, pero abunda entre docentes, que defienden la estabilidad de sus puestos de trabajo como algo indiscutiblemente merecido, o que se presentan como entes puros enfrentados al imperio del mal. Por ejemplo, cuando Ken Robinson dice que la escuela mata la creatividad, el vídeo gusta muchísimo entre los maestros y lo ven millones de personas, pero ¿cuántos docentes hemos dicho “yo he matado la creatividad”?

Creo que la enseñanza ganaría si el contrato de muchos profesores se pareciera al de un currante, es decir, si tuvieran que trabajar y arriesgar para ganarse la vida.

La enseñanza pública no es la cuna de la libertad. En la escuela le decimos a la gente: “cambia el mundo… pero no la escuela”. En la universidad bajamos un poco las expectativas. Les decimos: “encuentra trabajo”. Lo que nadie les dice es: “aquí estamos, si nos necesitas para aprender, llámanos”. Les decimos: “para ser libre, saca un cinco en el examen; no te queda otra”.

Una sociedad sana admite sus defectos a la vez que hace todo lo posible por subsanarlos. Nosotros no admitimos los defectos: les hacemos un lifting o los guardamos en el trastero. Hay que quitarse de en medio tanta vaca sagrada, pero no escondiéndolas: hay que cuestionarse cosas que no nos cuestionamos. Y hay que practicar la humildad.

La mejor educación es la que nos permite dar lo mejor de nosotros mismos. Yo no estoy en condiciones de enseñar a través del ejemplo, y me preocupa ver a demasiada gente que pretende poder hacerlo.

www. purposed.org.uk/es #purposedES

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14 comentarios to “Va de vacas”

  1. Carme Barba Says:

    Tu escrito es tan lúcido que duele, esperemos que cure como el alcohol en las heridas.
    Gracias
    Un abrazo
    Carme

  2. Joselu Says:

    Tu escrito ha sido de los pocos que me ha hecho reflexionar sobre mí mismo y sobre educación. Es esencial esa cuestión lanzada “yo he matado la creatividad”. Un escrito autocrítico e interesante. Y sí, es cierto existe el corporativismo. Cabría ser mucho más punzantes y menos fantasiosos. Un cordial saludo.


  3. Dar lo mejor de nosotros mismos, dices… Y no, el docente no es un cuerpo generoso… es un cuerpo contraído, tieso, cansado, y es claramente porque para trabajar en esta bendición sólo hay que pasar un par de cositas que a veces son menos que marías, y así entran los que ya vienen cansados desde la cuna, los que no tienen alma de aventureros,…
    Sin embargo yo sí creo que se puede, a pesar de esos y a pesar de los políticos… yo no creo en dar un modelo perfecto al alumnado porque el mundo no es perfecto, no les voy a vender la burra nunca de que yo soy perfecta (que se puede, en primaria aún se puede, en la concertada y privada más); el único ejemplo que necesita el alumnado es vernos con ganas, buscando en compañía, respetando sus capacidades y ayudando o buscando ayuda para mejorar.
    Y humildad… Lo demás pueden hacerlo sin nosotros 😉

    Gracias por el meneo en las ramas, qué bonito… ahora mismo me agacho a por todo lo que se me ha caído;))

  4. Pedro Sarmiento Says:

    Novato como soy en blogs, cada comentario me parece un grandísimo regalo.

    Lejos de dedicarme a criticar a los maestros, debo decir que hay dos hitos pata negra en mi vida reciente: uno ha sido conocer a la gente de LOVA (www.proyectolova.es), con la que trabajo hace cuatro años; otro, conocer a la de twitter. Los dos me han dado un subidón vital justo en el momento en que la esperanza en la educación musical se me estaba cansando un pelín.

    Y por cierto, ¿dónde iba yo a encontrar sino aquí público para contar mis cuitas?

    Lo que pasa es que este contacto con docentes tan catapultadores me ha avivado un poco una neurona que andaba suelta y ha abierto un espacio bueno, bonito y nada barato en el que se puede hablar de cosas MUY interesantes y aprender mucho.

    Las contradicciones me encantan. A veces demuestran que estamos vivos, otras que estamos muertos. Son como las metáforas, armas de triple filo que no sabes si estás cogiendo por el mango o por la hoja. La de Ken Robinson es del tipo “entre todos la mataron y ella sola se murió”, pero hay más y las hay en todas partes.

    En música, por ejemplo, los profesores o los alumnos de conservatorios, orquestas, etc., suelen salir a la calle cuando les van a quitar cosas como el sueldo, la subvención, la asignatura y utilizan alegremente un argumento: que ellos defienden la creatividad. Sin embargo, oh my god, encontrar un niño que invente música como actividad “permitida” en el sistema educativo, en especial conservatorios y escuelas de música, es más difícil que rebozar una medusa (tengo un amigo un poco rarito que lo intentó una vez).

    Eso, que parece una acusación implacable contra cualquier profesor de conservatorio de los últimos cuarenta años, se vuelve de repente contra los propios españoles, a los que cabría decirnos, dado que esto no es de anteayer: ¿y vosotros dónde estabais?

    Y tal, y tal. Mil gracias de verdad por vuestra conexión.

  5. Nicolasa QM Says:

    Me gusta mucho cuando la gente hace autocrítica, pero también cuando mira lo bueno que ha hecho. Estoy segura de que en tu entorno has propiciado, por lo menos, la reflexión – si no la acción – sobre todas esas contradicciones. Cierto que no nos hemos quemado a lo bonzo, ni nos hemos hecho el hara-kiri (¿se escribe así?); vivimos en una cultura un punto complaciente, y sobre todo, con pocas necesidades básicas sin cubrir. Tal vez ahora que empezamos a considerar la participación democrática un derecho básico de la ciudadanía, tal vez ahora gritemos más, toleremos menos los abusos y los sinsentidos.

    Yo soy optimista. Y autocrítica, también. Pero más optimista 😉

    Un abrazo

    PD. EN el último cuarto de tu libro. Te lo llevo de vuelta al #EABE

  6. pilar Says:

    Hola,Pedro..¡la mejor educación es la que nos permite dar lo mejor d enosotros mismos..!!me ha gustado mucho la formulación.Perdona que me cruce en este camino para dejarte un aviso,pero en la cárcel caminamos con otros tiempos y Pamela te ha dejado un comentario en nuestras 500palabras desde Nosotras intramuros..por si quieres responder, y se lo llevo mañana.
    Un abrazo

  7. Redacción Says:

    Hola Pedro, después de conocerte en el #EABE11 empiezo a virtualizarte leyendo tu texto.
    Te haré una confidencia: Me echaron de mi trabajo de maestra hace 19 años, 1 después de aprobar la oposición. Mi contrato se parecía al de un persona de esas que curran cada día. Pero no les gustó mi filosofía: criticaba demasiado, traía al cole a padres y madres no deseads, daba la palabra al alumnado, favorecía acciones colectivas entre el profesorado, desobedecía, en general, demasiado. Me lo dijeron por escrito. No hace falta que vuelva Vd. mañana.

    • Pedro Sarmiento Says:

      Hola, “confidencial”:

      De momento no te pongo cara, sino ventana (tu avatar).

      Si naufragase en una isla desierta junto a otras seiscientas personas y tuviera que fundar una escuela, creo que habría cosas más importantes que darle una plaza vitalicia a quien se ocupase de la educación de l@s niñ@s nacidos allí.

      Y si fundase una comuna en un pueblo abandonado de Navarra, lo mismo.

      También creo que el poder público, si diera plazas vitalicias, debería valer tanto para darlas como para quitarlas.

      Y en concreto, me encantaría que se mejorase un sistema que da plazas vitalicias a gente sin ninguna experiencia.

      Eso no quiere decir que el Estado sea infalible ni que todas sus decisiones deban aplaudirse, pero los únicos errores que podemos constatar hoy en día son los que comete dando plazas a a personas que no están preparadas, errores que hace pagar, casi exclusivamente, a l@s alumn@s a los que les tocan esas figuras.

      Lo tuyo fue un palo y lo siento, porque se dice que esas cosas enseñan mucho, o que fortalecen, pero suele ser a base de una buena dosis de prolongados escozores emocionales, por llamarlos de alguna manera.

  8. Yolanda jb Says:

    Lo primero pedirte disculpas por no identificarme correctamente en mi comentario anterior donde aparezco como “Redacción”. Además de ser maestra soy madre. Participo activamente en la página web del AMPA del cole. WordPress me adjudica automáticamente esa identidad si no me ocupo yo de cambiarla.

    Pero, volviendo al tema de mi “expulsión” virtual, te comentaré que yo tampoco estoy contenta con el hecho de que por aprobar una oposición ya nadie te pueda mover de tu puesto de por vida. Aún así, no es mejor sistema lo que tú propones; a mí me deja fuera, con mucha probabilidad, desde el primer día.

    Que necesitamos evaluación externa de nuestro trabajo es algo con lo que coincido. ¿En manos de quién dejamos la evaluación? ¿Con qué criterios: productividad, rentabilidad, creatividad, eficacia… o se te ocurre algo mejor?

    Yo no conozco a nadie que se haya quedado fuera de los estudios de Magisterio por no haberlos podido terminar. Tampoco conozco a ninguna persona que tras acabar cualquier otra carrera la formación extra para ser docente se le haya hecho imposible de superar. La puerta parece bien abierta. Una vez dentro ya no hay nada que demostrar. El sistema claramente no funciona.

    Para poder evaluar necesitaríamos saber cuál es la opinión de las personas que están detrás de la formación del profesorado, saber qué criterios de evaluación utilizan, qué vale y qué no vale en esto de formar a personas que van a dedicarse a educar. Supongo que lo tienen que saber ya que son responsables de esa formación. Si su evaluación fuera rigurosa ya estaríamos dando un primer paso selectivo de gran valor.

    De los criterios de las personas que forman el tribunal de oposición prefiero no hablar. Volvería a ser expulsada si hiciera público lo que yo viví el año que me presté voluntaria para ello. Necesitaba dinero para pagar mi hipoteca, recogí algo de dinero extra por el experimento y me callé. Pobres razones para convertirme en examinadora de futurxs compañerxs.

    El claustro no nos sirve para evaluar. Ha delegado todo su poder de decisión en las Comisiones de Coordinación Pedagógica (así es en secundaria, no sé cómo es en primaria). Estas comisiones están ahora formadas por personas que necesitan la aprobación del Equipo Directivo, con mayúsculas, por lo éste se convierte en el todopoderoso jefe de la tribu.

    Los padres y madres también han delegado su capacidad de intervenir en el proceso educativo. En secundaria, pasados los dos primeros cursos, dejan de asistir a las reuniones y sólo acuden si se les llama, por lo general, para entregarles malas noticias. Yo, personalmente, estaría encantada si esta relación se reforzase.

    Evaluar, Si, pero quién, cuándo y cómo. Lamentablemente las cosas están muy mal hechas desde un principio. Pensar en que somos parte de un equipo de trabajo con autonomía para evaluar nuestros resultados y tomar las medidas necesarias es, de momento, una utopía.

    Un poco largo mi comentario, perdón de nuevo. Espero no haber superado las 500 palabras.

  9. Pedro Sarmiento Says:

    La idea que decía de trabajar como cualquier currante no significa que cuando te quedas sin trabajo quedas expulsada forever del sistema educativo. “Como cualquier currante” quiere decir que puedes ir a otro sitio, aprender cosas que te faltaban, cambiar de curro, etc. Es lo que hace mucha gente en la vida y no se tiran de los pelos.

    Por eso me gustaría que se acabasen los privilegios de los docentes, que debido a su modestia social no llaman tanto la atención como los controladores, pero no por ello dejan de ejercer un corporativismo fetén. Y como con cualquier colectivo, no dejaría la decisión en sus manos, sino en las de la sociedad, que paga, disfruta y sufre lo que hay.

  10. Yolanda jb Says:

    Mi duda es saber cuáles son los criterios válidos para decirle a alguien que tiene que irse a otro sitio, que tiene que aprender más. Lo que valdría para quitarse de encima a gente perfectamente inepta se usaría para poner de patitas en la calle a otra gente que incomoda a quienes dirigen el centro en un momento dado. Es muy interesante ver qué hace y qué dice (o mejor aún qué no hacen y qué no dicen) cierto profesorado dentro de la escuela privada concertada.

    El problema habría que solucionarlo antes no permitiendo que aprueben personas incapaces de educar.

  11. Cathwolf Says:

    Escribiste exactamente lo que siento de la educaciún pública, y soy de México, país latinoamericano cuyo sistema educativo público está corroido por la burocracia, por un sueldo sin dar clases, por paracaistas que consumen los sueños y el tiempo de los alumnos, a quienes les quitan sus expectativas y en lugar de eso son sometidos s regímenes autoritarios.
    No debo generalizar, pero tienes razón al decir que una sociedad sana debe admitir y aceptar los defectos para poder dar pie a los cambios.


  12. […] https://sarmientopedro.wordpress.com/2011/04/04/va-de-vacas/ On mayo 22nd, 2011   /   500 palabras   /   Escribir un comentario […]


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