Ignorarlo todo

09/03/2011

Los docentes no tienen más autoridad que otros para opinar sobre el futuro de la educación. De hecho son, por definición, uno de los principales obstáculos para que la educación evolucione. No es algo que les pase solamente a ellos. Le pasa a todos los colectivos profesionales: dicen que para que las cosas mejoren se deben mejorar, en primer, lugar, sus condiciones y después… Así, los policías dicen ser la solución a la seguridad, los jueces la solución a la justicia, los políticos a la política, los controladores al control aéreo, etc.

Soy profesor de música y de un tiempo a esta parte creo que una de las peores cosas que le ha pasado a la música en las últimas décadas ha sido la existencia de tantos profesores, todos sintiéndonos importantes e imprescindibles a la hora de transmitir todos lo mismo. ¡Menudo espectáculo! Una limpia de profesores de música sería probablemente la mejor solución para que la música evolucionase y siguiese su camino como la maravillosa e imaginativa forma de expresión que es.

Por otra parte, cuando una sociedad que se cree justa genera injusticias cada vez mayores, las miradas se dirigen a los políticos y estos rápidamente buscan colectivos o circunstancias a las que culpar de las disfunciones. En Estados Unidos unos de los chivos expiatorios del escandaloso declive social (¿has visto The Wire?) son los profesores de colegios e institutos. Esta corriente va entrando sigilosamente en España en forma de evaluaciones y rankings de centros. No hace falta ser muy agudo para ver que es una tendencia en aumento y que interesa muy especialmente a los administradores de la red pública de educación.

Esta batalla entre el maquiavelismo de los políticos (representado por Esperanza Aguirre) y el egoísmo de los docentes (representado por los sindicatos) deja indefensa a cualquier persona que dependa de otros para salir adelante en la vida. Los docentes los llaman alumnos (¡pobres!), los políticos los llaman ciudadanos (¡ya quisieran!). Todo el mundo dice luchar en su nombre, pero el fragor de la batalla va en aumento y los sablazos les caen encima siempre a los mismos.

Mientras que gente cada vez más famosa dice cosas cada vez más originales sobre educación, los colegios del mundo abren sus puertas por las mañanas y las cierran por las tardes repitiendo una de las ceremonias menos imaginativas que ha inventado la humanidad.

Recomiendo la lectura de El maestro ignorante, de Jacques Rancière. Habla de un pedagogo, Joseph Jacotot, que dijo a comienzos del siglo XIX que el más difícil de todos los aprendizajes, aprender a hablar nuestra lengua, lo realizamos todos de niños sin la ayuda de maestros ni de escuelas. Leído al pie de la letra es una entelequia, pero leído como metáfora de la vanidad de todo maestro es un antídoto y una fuente de profunda inspiración. Para dedicar nuestra vida a que otros aprendan debemos comenzar por aceptar que somos prescindibles.

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