Daños estéticos

23/03/2017

Esta entrada es breve y va dedicada a los daños estéticos irreparables producidos en toda una generación por las letras del WordArt y del Powerpoint. La amenaza continúa.

Iba a empezar con una imagen, pero no lo hago por respeto a los derechos fundamentales de la humanidad. Como pista, diré que, entre otros, muchos colegios públicos usaron estas letritas a mala idea durante décadas y que ahora muchos de estos colegios, dándose cuenta del mal que han causado a la especie y a sí mismos, han abrazado el sentido común, han elegido una tipografía bonita, o simplemente sensata, para sus webs y de paso han evitado sanciones penales. También podríamos hablar de los calendarios de talleres mecánicos, pero eso, bien pensado, solo añadiría dolor al dolor.

En un mundo en el que se puede publicar online cosas normales, ¿por qué hay quien sigue optando por la estética del PC-kitsch? Amarillo sobre verde sobre rosa sobre marrón, letras ribeteadas, recuadros coloreados, fondos chillones, palabras curvadas o en relieve y, sobre todo, la mezcla de todo ello, es un no parar. A veces hasta se mueven. Miras una pantalla de esas y es que te bajan las defensas.

Si padeces este síndrome destructivo y sabes reconocerlo, habrás dado el primer paso para solucionarlo. Si, por el contrario, piensas que tu web está chulísima,  no va a ser fácil ayudarte. Puedes, eso sí, realizar el TAF (Test para Amantes de lo Feo), un test que detecta, aun no sospechándolo tú, si eres altamente hortera y perjudicial para la estética del universo.

El objetivo del test es desterrar estas prácticas antes del 2050, año en el que se calcula que podríamos encontrarnos recibiendo, con estos pelos, las primeras visitas oficiales de ciudadanos extraterrestres. Es importante para la humanidad dar una imagen digna para esa fecha y en el proyecto participan, en una lucha contrarreloj, todos los países miembros de la ONU. Debe tenerse en cuenta que los creadores del WordArt ya están encarcelados, pero está resultando mucho más difícil atrapar a las personas que se obstinan en seguir utilizándolo.

Además, diferentes empresas tecnológicas, de forma altruista, han sacado al mercado productos que te permiten, incluso no queriéndolo, componer textos estéticamente aceptables. Están por todas partes y nada, hay gente verdaderamente perversa que sigue utilizando WordArt. El Mal no conoce límites.

Hay incluso docentes que proponen a su alumnado utilizar WordArt diciéndole que se trata de “nuevas tecnologías” o cosas parecidas. Estos letreros y páginas web creados e introducidos de forma clandestina en el aula se contagian paulatinamente al entorno familiar y crean un profundo desasosiego que conduce pronto a la aparición de pautas antisociales y a la pérdida del sentido del gusto. Un 86% de la gente que ha visto todas las ediciones de Gran Hermano, por ejemplo, confiesa visitar regularmente webs y powerpoints creados con WordArt.

Con eso os lo digo todo.

Estamos en una emergencia: si conoces a alguien con este problema, puedes actuar. Dale el teléfono de WordArt Anónimos, pero no hables de cura, de adicciones ni de dramas sociales. Dile simplemente que allí va a poder ver unas tipografías que le van a encantar. WordArt Anónimos hará lo demás.

(Nota: el autor incluye un ejemplo al final de la entrada, declinando toda responsabilidad sobre posibles daños psicológicos derivados de la visión del recuadro situado a la izquierda.)

 

 

 

 

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César

10/05/2016

La que le ha caído al pobre César Bona, un maestro de un colegio público de Aragón, por figurar como candidato a un premio.

Otros premios no despiertan tanto recelo. Están los Nobel, el premio de poesía Hiperión, los Cervantes, los Príncipe/Princesa de Asturias, el Pritzker de arquitectura y muchos más. También los hay, en España, educativos como el premio Acción Magistral, las peonzas de Espiral o incluso los premios nacionales de educación. (Estos últimos, los premios nacionales, son ejemplares en algo: pese a otorgarlos el Ministerio de Educación y decir que uno de sus objetivos es la difusión de buenas prácticas, consiguen pasar absolutamente desapercibidos). Con todos estos no se mete nadie.

Tal vez un pecado del premio al que presentaron a César era su cortísima historia, puesto que era la primera edición. También puede influir el hecho de ser la iniciativa de un multimillonario, Sunny Varkey, que tiene entre otras cosas decenas de colegios privados en varios países. El premio consiste en un millón de dólares y lo entregan personas como el Papa, Bill Clinton, etc. Un nivelazo, vaya.

La primera edición del Global Teacher Prize, que así se llama el premio, la ganó Nancie Atwell, una profesora a punto de jubilarse de Massachussetts, que es propietaria de su propia escuela. La segunda edición la ha ganado una profesora, Hanan Alhroub, que da clase en Palestina, en un entorno invadido por la violencia.

Los críticos con César son, principalmente, colegas suyos. Ya era de esperar que no lo criticasen las fontaneras o los conductores de máquinas quitanieves, pero sorprende esa cosa tan humana de atizarle en la cabeza al que asoma un poco por encima justo a tu lado.

El premio buscaba al “mejor profesor del mundo” y esto pone bastante nerviosa a la gente, porque no les parece que el Nobel busque, por ejemplo, al mejor literato, sino a alguien suficientemente bueno que escribe cosas por ahí. Los Goya tampoco: los sortean. Y así en general. Lo de destacar a una persona por encima de las demás es una cosa de muy mal gusto. Los premios deberían caer al azar, como el ramo de la novia.

Como esto de “la mejor del mundo” les encanta a los periodistas, César se pasará el pobre los próximos treinta años señalado como candidato al Global Teacher Prize, una carga que no es nada comparada con que algunos de tus colegas te digan en las redes cosas bonitas sin parar.

Todos sabemos que en cuanto entra una periodista en un colegio, lo primero que va a descubrir es un “proyecto pionero” y una “experiencia innovadora”, pero César no tiene la culpa de eso. César es un maestro como muchos maestros del mundo y se distingue por ser alarmantemente normal, tener cierta facilidad de palabra (no muchísima) y hacer gala de una gran paciencia con los que le tocan las narices. Además, es buen profe.

Uno de sus principales problemas ha sido dejar de dar clase una temporada para poder viajar y participar en proyectos diversos. Se le han venido encima no sé cuántos docentes diciendo que sin estar a pie de aula no se puede hablar de educación. Los fines de semana, por ejemplo, nadie debería hablar de eso, porque al separarte de la valla del colegio, pierdes fuelle y te patina la neurona. Yo, de hecho, escribo todo esto sabiendo el sacrilegio que cometo, puesto que – que los hados me protejan – nunca he sido maestro ni pienso serlo. Eso me pone en una situación verdaderamente difícil, pero César, que ha sido maestro unos diez años o más, digo yo que sabrá de lo que habla. A lo mejor es que hay categorías. Por ejemplo, si pides una excedencia para cuidar a tu abuelo, sigues teniendo bula para hablar de educación, pero si la pides para trabajar en Aldeas Infantiles, pierdes el criterio y además empiezas a ingresar un dinero impuro que no procede de arcas públicas, sino, horror, privadas. ¡Como el premio!

Así está la cosa. César tiene, por suerte, mucha gente que lo considera un profe normal, simpático, comunicativo,  con buenas ideas y con ganas de mejorar la educación, como la enorme mayoría de sus congéneres.


Pez grande, pez chico

08/05/2016

Un concurso de televisión y un evento para docentes muestran la inocencia y la codicia que se dan cita en el mundo de la educación. Todo se resume en cuatro palabras: pez grande, pez chico.

El concurso de RTVE se llama Poder Canijo y se ha dado a conocer enviando a docentes de toda España un mensaje que por momentos parecía un anuncio de la teletienda:

Nuestro deseo e interés es contar con vosotros, ya que os consideramos, desde Fundación Telefónica, pioneros del cambio. Ello supone que podáis inscribiros en el casting antes que nadie, como reconocimiento de vuestra pasión por lo que hacéis y la calidad de vuestro trabajo.

Cuando te dicen que te dejan inscribirte en un casting “antes que nadie” y que hacerlo es una forma de reconocer tu pasión por lo que haces y la calidad de tu trabajo, sabes que te están tratando como si fueras bobo.

El objetivo del mensaje no es reconocer nada, sino conseguir candidatas/os para el casting. Que tengan suerte, pero que no nos tomen el pelo.

El evento se llama Tour Docentes Innovadores y lo organiza la Fundación Telefónica. Un rasgo de esta convocatoria es que dos semanas antes de la celebración del encuentro, a los docentes que van a impartir los talleres y ponencias se les pide firmar un contrato mercantil de prestación de servicios con la S.L.U. (Sociedad Limitada Unipersonal) Telefónica Educación Digital. El contrato tiene dieciséis páginas (dieciséis páginas!) y no acepta modificaciones.

La extensión (dieciséis páginas!), la naturaleza y el tiempo con el que se informa del contrato son un claro abuso. Si los contratos se dirigieran, por ejemplo, a profesionales autónomos habituados a firmarlos – arquitectas, actrices o dueñas de restaurantes – sería más normal, pero se dirigen a docentes que a menudo son funcionarias, que el único contrato que han firmado es el de alquiler y que por su profesión no tienen abogada, asesora, gestoría, etc. Cuando imparten una sesión similar de formación de profesorado suelen dar sus datos y poco más.

Las personas que firman este contrato se comprometen, entre otras cosas, a respetar una cláusula de confidencialidad de duración indefinida, incluso una vez concluido el contrato. Por ejemplo, no creo que deban comentar libremente esta entrada.

A la inocencia que rodea al mundo de la educación ha llegado hace mucho la codicia de las empresas, que bajo el consabido “fírmalo, que no es más que una formalidad”, esconden su estrategia comercial de acumulación de recursos, materiales, publicaciones, buenas prácticas e ideas de las mejores mentes del sector.

Me consta que estos comentarios hieren la sensibilidad de las personas que trabajan en la Fundación Telefónica, porque no se consideran en absoluto representadas por lo que digo (codicia, estrategia comercial, etc.). Es evidente que no son codiciosas ni nada semejante y es con toda seguridad la organización o aspectos de su cultura lo que falla.

Lo que no vale es que el peso del error descanse sobre personas igual de bien intencionadas, los docentes, que se sienten obligados a firmar contratos sin saber en realidad lo que están firmando. Pez grande, pez chico. Ojalá se simplifique el contrato y se pueda firmar con una entidad sin ánimo de lucro.

Los docentes haríais bien en asesoraros y defenderos de estos modos probablemente legales, pero indignos de empresas que a la vez os dicen que sois estupendos y que reconocen vuestra pasión por lo que hacéis y la calidad de vuestro trabajo.

Vuestras consejerías de educación, vuestras asociaciones, vuestros sindicatos, las empresas, fundaciones o cooperativas que gestionan vuestros centros educativos y otras instancias que tal vez representen en todo o en parte vuestros intereses, deberían intervenir y al menos asesoraros para que no seáis peces tan chiquitos frente al pez grande, por muy buenas intenciones que tenga.

(Nota: he modificado parcialmente esta entrada el lunes 9 de mayo después de hablar con responsables de la Fundación Telefónica y agradezco enormemente su atención y exquisitez en el trato).

 


Educación applicada

28/12/2015

Casi todos los días aparece en tu móvil la actualización de alguna aplicación (app) que corrige errores, trae mejoras, refuerza la seguridad, etc. Estamos acostumbrados a recibirlas y las actualizaciones vienen de empresas bien fiables y solventes. De hecho, algunas vienen de las empresas más avanzadas del mundo. Todos sabemos que el sistema operativo X o la aplicación Y necesitarán un periodo de pruebas y adaptación antes de lanzarse a los dispositivos de todo el mundo. También sabemos que, una vez lanzada y puesta a prueba, seguirá actualizándose sin problema. En pocas palabras, no sólo se equivocan, sino que nos recuerdan constantemente que, gracias a los errores, las aplicaciones y los sistemas operativos van mejorando.

Nadie duda de una aplicación por el hecho de recibir actualizaciones. Nadie piensa en borrar una aplicación por pensar que no funciona bien si necesitan actualizarla con frecuencia. Más bien lo contrario: si no recibes actualizaciones de una aplicación durante meses, piensas que algo falla, que la app ha quedado obsoleta, descuidada o abandonada.

Actualízate

Cuando das clase pasa algo parecido: te estás actualizando constantemente y tus alumnos también. Hay errores por todas partes. De hecho, muchos más que en una aplicación, que no deja de ser algo puramente lógico, y no pasa nada. Te apoyas en tus errores y los alumnos se apoyan en los suyos para seguir adelante. Tus actualizaciones son diarias o semanales. Tus alumnos, que van a toda velocidad, se actualizan a cada segundo. De hecho, todo tu centro necesita actualizaciones permanentes. Si pudieras medirlas en forma de actualizaciones de app, tendrían una frecuencia muy elevada y serían muy complejas. Mucho más que añadir unas líneas de código o cambiar unas imágenes.

Por eso llama la atención el miedo que hay tantas veces a equivocarse, desde el punto de vista del docente, y el miedo a equivocarse que se transmite a los alumnos. Es el mismo error que con tanta naturalidad integran en su funcionamiento las apps más sofisticadas, un error que no sólo consideran admisible, sino necesario para avanzar, y nosotros lo escondemos y procuramos arreglarlo sin que nadie se entere, de forma clandestina.

Indicadores del miedo y mitos

Un indicador del miedo al error es la necesidad de aparentar que todo está previsto. Es un miedo a veces alimentado desde la propia formación de docentes, que lanza el mensaje de que ser buen profesional equivale a comenzar el curso con un plan detallado del que no hará falta desviarse. Existe un mito muy poderoso, que es el del docente que tiene respuesta para todas las situaciones y prácticamente nos las puede mostrar en su cuaderno antes de que sucedan. Es un mito, claro, pero pesa mucho en la confianza de muchos profesores que intentan seguir un modelo que no solo no existe, sino que arrasa con una parte esencial de la relación pedagógica.

Existe otro mito, el del maestro ignorante. Está en el extremo opuesto y consiste en pensar que todo puede aprenderse desde el máximo grado de ignorancia, incluso la ignorancia del propio maestro. El mito del maestro ignorante marca una de las grandes contradicciones de la educación, es la que Elisabeth Ellsworth resume en su frase “enseñar es dar aquello que no tenemos”. La gran contradicción es esta: reconocer la ignorancia del alumno no hace sino agrandar la distancia entre su ignorancia y el saber del maestro.

Si entre mitos anda el juego, necesitamos pegar los pies a tierra y las apps nos dan una posible respuesta: aprender es equivocarse, adaptarse, volverse a equivocar y volver a adaptarse.

Otro indicador del miedo es la falta de espacios y momentos para intercambiar opiniones, mostrar experiencias,  comentar dificultades, visitar la clase de algún colega, etc. Mientras que las empresas que actualizan sus aplicaciones basan sus mejoras en la comunicación fluida entre todos los departamentos, hay centros educativos que responden de forma preocupante a la fórmula de “las clases son tan importantes, que no nos dejan tiempo para saber lo que funciona o no funciona en las clases.”

Hay más indicadores: la necesidad del adulto de mostrarse seguro de lo que sabe, las sesiones de evaluación que tanto decepcionan a quienes quisieran hablar de personas más que de números, el miedo a abrir el aula a las familias, etc.

Al otro lado

Hay cada vez más docentes que no se resignan a trabajar en este ambiente y saltan al otro lado, convirtiéndose en auténticos ejemplos para las empresas de apps. Plantean la clase como un espacio de trabajo y reflexión colectiva. Asesoran cuando saben y preguntan cuando ignoran. Delegan responsabilidades reales en su alumnado. Abren canales de aprendizaje en todas las direcciones: de alumno a alumno, de alumno a docente y viceversa, del centro al exterior y del exterior del centro a este, etc. Se plantean retos de larga duración cuya superación depende de factores que escapan a su control. Se comunican con colegas, cuentan lo que les funciona y lo que no, recogen documentación que les permite mostrar su trabajo, revisarlo con el paso del tiempo o comentarlo con sus alumnos. Buscan experiencias de formación y herramientas nuevas. Aceptan que otras personas comenten su trabajo y dan su opinión sobre el trabajo de terceros. Cuando sus alumnos cometen errores no piensan en fracasos, sino en  oportunidades para aprender y mejorar.

En una concepción muy pequeñita del aprendizaje, hay quien piensa que perderle miedo al error significa aprobar exámenes en los que las respuestas están equivocadas. La pequeñez de esa visión viene de considerar a los alumnos algo así como el escalafón más bajo del software. Mientras que hay un software sofisticado encargado de tomar decisiones en situaciones nuevas, vendría a decir esta postura, los alumnos ejecutan la otra parte, la parte boba del software, que es la que se encarga solamente de dar respuestas a preguntas previamente grabadas. Pensar que hay quien cree que una app puede equivocarse y mejorar mientras que una alumna no puede hacerlo es descorazonador. Nos hace reflexionar sobre los extremos a los que estamos llevando nuestro concepto de educación.

La forma de disfrutar el error es crear situaciones en las que no solamente se pueda probar distintas cosas, sino que apetezca y que sea necesario probarlas. Hace falta un ambiente distendido y hace falta disponer de tiempo, pero hace falta, sobre todo, que la clase esté en manos de profesionales sensatos, previsores, dispuestos a dar el salto al vacío y confiar en la capacidad de sus alumnos para encontrar esa pequeña anilla de la que tirando con fuerza se abre el paracaídas.


Contradicción

26/01/2015

Una breve nota.

No se puede denostar un sistema que mide la calidad de las escuelas con pruebas tipo PISA y aceptar a la vez que las mejores escuelas son las que obtienen los mejores resultados tipo PISA.

No se puede criticar que PISA mida sólo una parte de la educación y asumir que las mejores escuelas según PISA son las mejores en todo.

No se puede criticar la incapacidad de PISA para valorar competencias como la creatividad y aceptar a la vez que las escuelas más creativas son las que mejores resultados obtienen en PISA.

No se puede criticar que a los niños se los pese como a pollos y a la vez considerar más felices a los niños que más peso dan en la báscula.

No se puede criticar el sistema de pruebas estandarizadas a la vez que se jacta uno de haber mejorado los resultados de su alumnado en las mismas pruebas estandarizadas.

Así pues, si te apetece elogiar las escuelas de Finlandia, las de Kuala Lumpur, la de tu pueblo o las de Chechenia y a la vez te apetece distanciarte de la omnipresencia estandarizadora y reduccionista de PISA y sus hermanos, tendrás que explicar por qué te parecen buenas esas escuelas recurriendo a cualquier cosa excepto a su puntuación en las pruebas PISA.

O dicho de otra forma: si PISA te dice que Finlandia se lleva la palma en educación, ¿por qué te lo crees?

Si hay algo verdaderamente equivocado en esta obsesión de hacer como si se midiera todo para luego no medir más que un par de cosas, si hay algo profundamente retorcido, ignorante e inhumano, es pensar que todos los seres humanos se rigen, se miden, se miran, se entienden conforme a un estándar, como si fueran ensaladeras de IKEA.

Como nos dijo Peter Sellars en el Teatro Real hace un par de años: ni a Stalin se le hubiera ocurrido algo tan alienante.


Polaris

06/01/2015

La polarización perjudica mucho a la inteligencia. Polarizar, es decir, pensar o entender la realidad en blanco y negro, creer que casi todo está organizado en dos dimensiones opuestas como si la vida se pudiera ordenar en binario, perjudica mucho a la inteligencia.

La polarización es una de las formas más habituales de simplificación y se encuentra en todas partes. La polarización nos lleva a pensar que ser creyente es sinónimo de ser facha, que ser okupa es sinónimo de ser de izquierdas, ser gay es sinónimo de ser creativo, ser hincha de fútbol equivale a no leer ensayo, ser montañero es sinónimo de ser sanote, generoso y bonachón, etc.

La polarización se da mucho en política, donde votar al PP es sinónimo de ser constructor corrupto, votar al PSOE es lo mismo que creer en los más justos ideales de paz, fraternidad y justicia social, o que votar al PP es votar al único partido que puede gestionar un país serio y votar al PSOE es como creer en una panda de indocumentados que están en política porque no han encontrado otra forma de conseguir trabajo.

Los programas de debate político, y de prensa rosa, que colocan a los invitados como si fueran contendientes en dos bandos anuncian a bombo y platillo la misma farsa que anuncian esos espectáculos de luchadores forzudos, gigantes y despiadados que saltan y rebotan sobre sus oponentes como si fueran colchonetas de látex. Todo está ya decidido de antemano: el sindicalista es justo o corrupto, la intelectual es inteligentísima o está vendida, el periodista es a o b, la cirujana x o y, etc, etc, etc.

En educación, donde todo es complejo y poliédrico, la polarización abunda y frena no sólo debates interesantes, sino los que son verdaderamente imprescindibles. Si hablas en contra de la enseñanza concertada, eres anticlerical. Si defiendes la asignatura de educación para la ciudadanía, eres de izquierdas y si te gusta que tus hijos estudien con los salesianos, eres fascista.

Las simplificaciones se llevan a tal extremo y en tantas ocasiones, que te acostumbras a que se diga que hacer actividades artísticas es para los que van para letras y que hacer experimentos con probetas te lleva necesariamente a estudiar ciencias. Leer poemas es para futuras profesoras de lengua y hacer deportes de competición es bueno para futuras empresarias.

Si no sabes leer cuando empiezas primaria, vas a ser torpe toda tu vida, si dibujas bien vas a ser una artista, si hablas bien en público vas a triunfar en el mundo del espectáculo y si no aciertas con las fracciones a los diez años, olvídate de estudiar económicas. Si marcas todos los goles en el recreo eres un líder nato, si lloras eres un blandito, si recuerdas los números de teléfono deberías estudiar matemáticas y si arreglas las persianas del aula, lo tuyo es la tecnología.

Del mismo modo, si El Mundo te coloca en el ranking de los mejores colegios, eres el mejor colegio y si no te coloca, eres de lo peor.

Como si no hubiera gays brutos, ingenieras torpes, músicos insensibles, mecánicos creativos, actrices tímidas, empresarias indecisas, cocineros que leen poesía, colegios que aman o que maltratan psicológicamente a su alumnado o asistentas que van a la ópera.

Uno de los efectos más perjudiciales de la polarización es la estolidez, que es la falta de razón y de discurso. La polarización sirve para no tener que explicar ni explicarnos cosas. También para saber, o creer que sabes, de antemano lo que piensan y hacen los demás.

Hace días leía este chiste:

Presentadora – Nuestro invitado de hoy nos va a hablar de la forma de evitar la deshidratación.
Invitado – Bebiendo agua.
Presentadora – Bueno, tenemos toda una hora de programa para hablar del tema…
Invitado – No es mi problema.

La polarización se arregla fácil, como en el chiste: hablando. Así de fácil y así de difícil. En un colegio, en un instituto, en una facultad, es sorprendente lo poco que se habla. La creatividad y la imaginación se dedican a poner excusas y explicar lo difícil que es, el poco tiempo del que se dispone, la oposición que se encuentra…

Hablar no significa, por supuesto, hablar del tiempo. Significa hablar de las cosas importantes, como por ejemplo de los alumnos, de tu forma de trabajar y de las de otros, de lo que habría que mejorar, de lo que se hace en otros lugares, de qué tal lo estamos haciendo comparado con lo que hacíamos antes o lo haremos después, etc.

Hablar es aceptar que alguien te vea dar clase y te sugiera una forma de hacer algo mejor. Hablar es proponer que se deje de hacer algo que se ha hecho durante años. Hablar es pedir opinión o aconsejar a una compañera o a tus alumn@s. Hablar es tener tiempo para que  la gente te explique cosas y para explicarlas tú. Hablar, a menudo, significa hablar de cosas de las que nunca pensabas hablar, o de las que sólo hablas con una persona en vez de con cincuenta.

Hablar es no esperar a que te diga una jefa que tienes que hablar, o que te cambie el horario para hablar. Hablar es buscar tú la forma, proponerlo, promoverlo, hacer que suceda y hacer que a más personas les apetezca hablar. Hay tantas formas de hablar como personas y puedes hacerlo como director, como conserje, como alumna o como profesora. Hablar es presuponer que no has terminado de aprender, que puedes hacer cosas diferentes, que a lo mejor estás haciendo algo mal.

Hablar es un placer. Hablar mejora el respeto y el entendimiento entre las personas. Hablar no lo arregla todo ni convierte tu vida en un paseo fantástico. Hay que trabajárselo, hay que tragarse sapos y hay que usar la inteligencia.

Hablar es lo contrario de simplificar. Hablar suena ñoño, como a anuncio bobalicón de coca-cola la chispa de la vida, pero lo que es ñoño de verdad es no hablar cuando de ello depende tu vida y la de otros y la posibilidad de participar en experiencias dignas, especiales, memorables y únicas.

¿Hablas?

    

  


El miedo a la diferencia

22/10/2014

Hace años que veo, y sufro, colegios que niegan una actividad a una clase para que otra(s) clase(s) no se sienta(n) discriminada(s). El argumento suele ser de este tipo:

– es buena idea, pero cámbiala para que puedan hacerlo todas las clases
– no lo hagas, porque la otra clase va a querer hacerlo también
– no lo hagas, porque se va a notar que hay profesores que no proponen nada
– si de mí dependiera, se haría, pero no es posible, porque los padres se van a enfadar
– no se puede hacer porque, si todos pidieseis lo mismo, sería imposible
– es demasiado bueno para ofrecérselo solamente a una clase

Los perjudicados directos de esta falsa justicia son los niños supuestamente favorecidos, mientras que los favorecidos son los equipos directivos, a los que resulta más cómodo gestionar un centro uniforme, que parece bien organizado porque todo el mundo hace lo mismo. Con esta excusa tan burda, los equipos directivos se libran de trabajar y de atender ideas, contextos, propuestas y actividades diferentes. A la vez, venden una imagen de falso liderazgo, como si el liderazgo consistiera en tener a todo el colegio pendiente de instrucciones.

Esta obsesión por la uniformidad crea problemas donde no los hay, una característica que define a las organizaciones poco inteligentes. Se basa en una ley nunca escrita, porque hace como si la normativa escolar dijera en algún sitio que todos los alumnos tienen que pasar por las mismas experiencias, seguir las mismas pautas pedagógicas o aprender lo mismo y al mismo tiempo. Un ejemplo conocido es el de todos los alumnos del mismo curso comenzando el mismo día el mismo tema del libro: impecable organización.

Este tipo de enfoque no anula una iniciativa del profesorado, sino que anula la cultura de la iniciativa. Con ello, achata la iniciativa personal en centros que dicen favorecerla y abusa de la uniformidad mientras vende el señuelo de la atención personalizada al alumno.

Se frena lo que haga falta: actividades que duran un curso completo, como LÓVA, y actividades puntuales del tipo “hoy vamos a dar clase en el patio”. Se premia a quien no propone cosas diferentes o a quien sólo propone actividades multitudinarias, que seguro que están muy bien, pero que asfixian todas aquellas cosas que pueden hacerse en grupos más pequeños.

La directora de un colegio público grande de Madrid decía hace poco tiempo en una reunión con otros equipos directivos que apoyar propuestas diferentes del profesorado le parecía lo mejor, porque beneficiaban a todos: alumnos, docentes y centro. A ver si cunde el ejemplo y, en vez de “consentir” la diferencia, se potencia.


Pa salir corriendo

16/04/2014

Escribir sobre educación se está convirtiendo en todo un género negro. Escribir sobre educación te permite pintar panoramas lúgubres llenos de personajes culpables, ignorantes, estúpidos o maliciosos. Ya no hace falta leer a Shakespeare o a Beckett. Parece que si te acercas a un instituto o a un cole te va a dar un ictus. Parece que todo está podrido y nada merece la pena. Parece que no tenemos otra cosa que hacer que sufrir, avergonzarnos y darnos golpes de pecho. Oyes, qué alegría, tú.

En esa línea está escrito este texto de hace un par de días en El Mundo. Un texto sobre educación que no deja títere con cabeza y que tiene la maravillosa virtud, oh qué casualidad, de dar a entender que el que lo escribe sí que sabe y sí que hace las cosas bien. También deja en pie una cosa, que son las pruebas PISA. Ahí, en medio del desastre, aparecen como llegadas ellas solitas del cielo a cantarnos la verdad limpia y absoluta sobre todo lo que nos preocupa.

Estimado José: si tienes sentido del humor, que sin duda lo tienes, no hagas tanto esfuerzo por ocultarlo cuando escribes sobre educación. Se puede ver de vez en cuando alguna cosa buena y, ya de paso, se puede también admitir algún defectillo personal. Da credibilidad y ayuda a descongestionarte.

Este pesimismo voraz no es un caso aislado. Es una tendencia y reconozco que a veces a mí también me da la vena oscura. Lo que pasa es que el mundo no está poblado por dos especies antagónicas de docentes que se dan de mordiscos cuando se cruzan. Ser profesor no es ser sólo esto o aquello, no implica adoptar de forma compulsiva una metodología o una idea de la educación unidireccional, excluyente y pendenciera. Se puede ser docente y aplicar una metodología a las nueve y otra a las nueve y media. Eso no quiere decir que valga todo, pero sí quiere decir, por ejemplo, que es falso que la memorización excluya todas las demás cosas (metodologías) y que cualquiera de las demás cosas (metodologías) excluyan la memorización.

El texto defiende la memorización como si no hubiera otra opción verosímil de aprendizaje y como si hoy no se permitiera memorizar en todo el sistema educativo ni las paradas de la línea de metro. Lo que hacen textos como este es generar la falsa idea de que la docencia es una batalla abierta entre dos bandos y que sólo es posible la victoria de uno. No son textos escritos para hablar de educación, sino textos para decir lo malito que está uno y lo poquito que se queja.

La educación es algo más variado y mucho menos rígido de lo que pintan. La LOGSE no es ese ogro con barbas y pezuñas, no os lo creáis, como tampoco es para suicidarse el descubrir que hay una o siete frases sensatas en los textos de las leyes franquistas. Hay gente que trabaja bien, que está contenta, que disfruta, que avanza y que tiene muchas ganas de seguir dando clase.

No te creas la idea de que puede haber cocineros contentos, ejecutivas contentas, guías turísticos contentos o cantantes de pop contentos, pero no docentes contentos. Te lo están diciendo por todas parte, ya lo sé. Lo dicen y lo vuelven a decir y luego publican textos con apariencia de análisis objetivo que lo único que hacen es remachar esta idea. Un día a lo mejor te levantas y lo estás diciendo hasta tú, sin querer.

Los que penséis que todo está tan negro, tenéis un campo fértil en la literatura de terror. Como dirían en Estados Unidos, dadle un break a la educación, porque leyéndoos parece que estamos ante el juicio final.

El discurso de la catástrofe arrastra, no sé por qué, a la afición, y lo hace muy especialmente el de la catástrofe educativa. No hace falta que nos sintamos tan orgullosos de nuestra educación como nos sentimos de nuestra gastronomía, de nuestro patrimonio histórico, de nuestro clima o de nuestro qué sé yo, pero de ahí a lamernos las heridas y sufrir este insondable vacío hay un gran salto, un salto de pértiga con muelle, turbo y trampolín.

Un poquito de alegría, por favor, que con tanto disgusto vamos a salir todos corriendo.

 


Guitarras sin cuerdas

15/03/2014

Si la educación se mueve entre tendencias más o menos opuestas, últimamente nos estamos inclinando hacia una de ellas de forma muy clara. Mientras que los caricaturistas de la LOGSE se han mofado hasta la saciedad de esa supuesta idea de un niño maravilloso que todo lo sabe y tan sólo necesita un poco de cariño para desarrollarse plenamente, ahora el gobierno abre la veda a otra mofa: la idea del alumno que llega vacío e ignorante al colegio y sale pertrechado de saberes, emprendedor y cargado de múltiples competencias gracias a una impecable ley de educación. (Por cierto, a los que se reían de la jerga educativa abstrusa como si fuera un invento de la izquierda, les recomiendo que intente entender el primer párrafo del currículo básico de primaria en el BOE, que incluyo más abajo).

La tendencia actual es clara y nos viene principalmente de Estados Unidos. Consiste en dotar a la educación de un armazón aparentemente objetivo y tratar a los alumnos como si fueran coches que pasan las fases de la cadena de montaje. El mundo empresarial vivió hace años su moda pseudo-científica con sistemas de control de calidad como EFQM, que permitían analizar el funcionamiento de una organización hasta el último detalle y corregir errores. Bien utilizados, esos sistemas podían servir para conocer las organizaciones y reflexionar sobre su funcionamiento. Para lo que no servían era para arreglar el mundo, como algunos pensaron.

El mundo, sin embargo, parece ir a arreglarse con la nueva ley de educación, que pone todo su empeño en crear un sistema serio de control de la calidad. Sin ningún disimulo, se habla de la estandarización de la educación y sin ningún disimulo, sino todo lo contrario, se aplica por igual a todos y cada uno de los centros educativos de todas y cada una de las comunidades autónomas. Los meticulosos análisis y controles que se hacen de los aviones, de los cuales tenemos amplia noticia cada vez que hay un accidente, llegan con bombo y platillo a los colegios de España en forma de solución a un problema. Por debajo de los textos publicados en el BOE se pueden intuir frases como “ya está bien de perder el tiempo en el colegio”.

En esta deificación de los sistemas de estandarización, dios se llama PISA y todo lo que no conduzca a ganar puestos en la ascensión al cielo de PISA se convierte automáticamente en irrelevante. PISA, por otro lado, parece de lo más razonable: las pruebas consisten en demostrar que entiendes cosas y que te puedes desenvolver en el mundo. El éxito y el glamour de PISA es tal, que dar importancia a cosas que no mide PISA está casi mal visto. Lo que no es medible, parecen decirnos, no es serio.

La obsesión por medir, sin embargo, se dirige a los niños y a sus profesores. No se miden tan minuciosamente, sin embargo, los partidos políticos, los gobiernos, la Unión Europea, el Banco de España, las cajas de ahorros, los evasores de impuestos, los prejubilados masivos a costa del Estado, los sindicatos, los empresarios, los presupuestos municipales o los dineros destinados a obras públicas tan descomunales como innecesarias, por poner algunos ejemplos.

La lista de cosas que no se miden es interminable, pero resulta especialmente importante medir a alumnos primero y luego a sus profesores, porque la solución a los problemas de nuestra sociedad es aplicar el voltímetro a las “situaciones de aprendizaje” y dar cuenta, de forma objetiva, de los resultados obtenidos.

El experimento, sin embargo, carece de aspectos básicos para considerarse una buena iniciativa. Por ejemplo, el ministerio no crea un grupo de control, es decir, un grupo que crea estar siguiendo la ley pero que en realidad esté siguiendo un BOE-placebo. Tendría toda la lógica, si tan importante es la objetividad. El ministerio tampoco permite que alguien proponga formas diferentes de mejorar los resultados de PISA. Suponiendo que esto fuera tan importante, ¿por qué tanto empeño en evitar vías alternativas? ¿Por qué no decidir, por ejemplo, que el 5% de los centros educativos haga su propia propuesta y muestre dentro de cinco o diez años cómo le ha ido?

La política educativa parece basarse en la desconfianza. Se desconfía de los docentes al decirles: esta es la lista de cosas que tienes que trabajar, no trabajes otras. Se desconfía de las comunidades autónomas al decirles: todas os vais a someter, queráis o no, a estos criterios. Se desconfía de los centros al decirles: podríais decidir un 90% de lo que hacéis, pero preferimos que sea un 5%. Esto es lo que se hace en nombre del avance de la educación y se presenta como una propuesta comprometida con el futuro. En realidad es una propuesta de personas que piensan que la buena educación la tendrán quienes la busquen por sus propios medios. Es una propuesta que ignora el valor ingente del caudal humano de una sociedad, y es este valor el que hará que la propuesta no haga todo el daño que se propone hacer.

La semana pasada viví una experiencia relacionada de alguna manera con este tema de la objetivación y de la obsesión por examinar cosas medibles. Mi sobrina estudia música y me pidió ayuda para un examen. El examen era de acordes y tenía una peculiaridad: no le pedían nada que tuviera que ver con el sonido de los acordes. Es decir, nada que ver con la música. Algo similar a aprender cocina sin cocinar, deportes sin jugar, papiroflexia sin doblar papel o volar cometas sin volar cometas. Con gran dolor de mi corazón le ayudé a preparar un tipo de examen que pensaba que estaba sepultado en la historia de la ignominia de la educación musical, pero que sigue haciéndose.

En primaria alguien quiere que pase igual. Las pruebas hablarán de estándares, pero no hablarán de cómo se tratan los alumnos entre ellos, de cómo recuerdan su relación con las maestras, de la experiencias que marcaron su vida o despertaron su curiosidad, o de las miles de cosas que nunca jamás podrán evaluarse objetivamente con decimales.

Alguien quiere que las guitarras no tengan cuerdas y que nos aprendamos el nombre, los intervalos, las fundamentales, las inversiones y las cadencias de acordes mirando en silencio la posición de los dedos sobre los trastes. La música nos podría distraer de estas cosas tan importantes.

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Primer párrafo del currículo básico de primaria, publicado en el BOE. Si tienes valor, intenta entenderlo. Podría entrar en las próximas pruebas PISA 
La Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la Mejora de la Calidad Educativa, ha modificado el artículo 6 de la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación, para definir el currículo como la regulación de los elementos que determinan los procesos de enseñanza y aprendizaje para cada una de las enseñanzas. El currículo estará integrado por los objetivos de cada enseñanza y etapa educativa; las competencias, o capacidades para activar y aplicar de forma integrada los contenidos propios de cada enseñanza y etapa educativa, para lograr la realización adecuada de actividades y la resolución eficaz de problemas complejos, los contenidos, o conjuntos de conocimientos, habilidades,destrezas y actitudes que contribuyen al logro de los objetivos de cada enseñanza y etapa educativa y a la adquisición de competencias; la metodología didáctica, que comprende tanto la descripción de las prácticas docentes como la organización del trabajo de los docentes; los estándares y resultados de aprendizaje evaluables; y los criterios de evaluación del grado de adquisición de las competencias y del logro de los objetivos de cada enseñanza y etapa educativa. Los contenidos se ordenan en asignaturas, que se clasifican en materias, ámbitos, áreas y módulos en función de las enseñanzas, las etapas educativas o los programas en que participe el alumnado.

 


ARTrueque

01/03/2014

Hace poco diseñé ARTrueque para docentes de proyectolova.es. ARTrueque es un proyecto educativo dentro de otro y lo comparto aquí para quien quiera utilizarlo, con o sin modificaciones.

ARTrueque incide en varias cosas a la vez: creatividad, crowdfunding, competencia emprendedora, competencia digital, trabajo en equipo, empoderamiento, competencia matemática, competencia lingüística, evaluación, competencia social, implicación de la comunidad escolar, contacto con el mundo real externo a la escuela, metodología de proyectos, etc.  En función de la forma en la que se plantee, tendrán más o menos importancia algunos de estos aspectos u otros que quieran incorporarse.

El eje central de ARTrueque es una campaña de donación/recaudación de fondos para un proyecto escolar y funciona de la siguiente forma:

– los alumnos que buscan fondos rellenan un formulario online en el que hacen su solicitud de ayuda económica. Este formulario es el que hemos usado en ARTrueque.

– la evaluación de la solicitudes la realizan otros alumnos. Los alumnos evaluadores se presentan voluntarios y evalúan las solicitudes conforme a criterios que los solicitantes conocen de antemano. Una buena idea es que evalúen los proyectos alumnos que previamente los han hecho. Los criterios de evaluación se presentan en forma de rúbrica y esta rúbrica, más o menos detallada según la edad y naturaleza del proyecto, se cumplimenta en un formulario online. El formulario genera automáticamente una tabla de valoraciones. El de ARTrueque es este.

– si se desea, también pueden ser alumnos quienes gestionan la campaña, es decir, la publicidad, recepción de donaciones y formularios, el envío de las solicitudes a los evaluadores, el cumplimiento de los plazos, la entrega del dinero, etc. En ARTrueque esta parte la hemos hecho adultos.

– la recaudación se realiza a través de cantidades pequeñas que pueden ir a una hucha o a una cuenta de banco. Si las donaciones son online, pueden usarse medios como la transferencia, la plataforma de pago por tarjeta o Paypal. Un ejemplo: si cada niño de una clase pone un euro semanal en la hucha, la clase dispondrá de 400€/cuatrimestre. Lo importante no es conseguir grandes cantidades, sino conseguir la implicación de la comunidad escolar.

La participación de varias clases que solicitan ayuda o evalúan sirve simultáneamente para difundir la campaña y que haya más donantes potenciales. El proyecto que se financia en ARTrueque es la producción de una ópera creada íntegramente por la clase, pero se puede tratar de cualquier otro proyecto.

Agradeceré comentarios que sirvan para mejorar el planteamiento y, si quieres conocer más detalles, te los explico encantado. En la web de LÓVA lo hemos presentado así.