Guitarras sin cuerdas

15/03/2014

Si la educación se mueve entre tendencias más o menos opuestas, últimamente nos estamos inclinando hacia una de ellas de forma muy clara. Mientras que los caricaturistas de la LOGSE se han mofado hasta la saciedad de esa supuesta idea de un niño maravilloso que todo lo sabe y tan sólo necesita un poco de cariño para desarrollarse plenamente, ahora el gobierno abre la veda a otra mofa: la idea del alumno que llega vacío e ignorante al colegio y sale pertrechado de saberes, emprendedor y cargado de múltiples competencias gracias a una impecable ley de educación. (Por cierto, a los que se reían de la jerga educativa abstrusa como si fuera un invento de la izquierda, les recomiendo que intente entender el primer párrafo del currículo básico de primaria en el BOE, que incluyo más abajo).

La tendencia actual es clara y nos viene principalmente de Estados Unidos. Consiste en dotar a la educación de un armazón aparentemente objetivo y tratar a los alumnos como si fueran coches que pasan las fases de la cadena de montaje. El mundo empresarial vivió hace años su moda pseudo-científica con sistemas de control de calidad como EFQM, que permitían analizar el funcionamiento de una organización hasta el último detalle y corregir errores. Bien utilizados, esos sistemas podían servir para conocer las organizaciones y reflexionar sobre su funcionamiento. Para lo que no servían era para arreglar el mundo, como algunos pensaron.

El mundo, sin embargo, parece ir a arreglarse con la nueva ley de educación, que pone todo su empeño en crear un sistema serio de control de la calidad. Sin ningún disimulo, se habla de la estandarización de la educación y sin ningún disimulo, sino todo lo contrario, se aplica por igual a todos y cada uno de los centros educativos de todas y cada una de las comunidades autónomas. Los meticulosos análisis y controles que se hacen de los aviones, de los cuales tenemos amplia noticia cada vez que hay un accidente, llegan con bombo y platillo a los colegios de España en forma de solución a un problema. Por debajo de los textos publicados en el BOE se pueden intuir frases como “ya está bien de perder el tiempo en el colegio”.

En esta deificación de los sistemas de estandarización, dios se llama PISA y todo lo que no conduzca a ganar puestos en la ascensión al cielo de PISA se convierte automáticamente en irrelevante. PISA, por otro lado, parece de lo más razonable: las pruebas consisten en demostrar que entiendes cosas y que te puedes desenvolver en el mundo. El éxito y el glamour de PISA es tal, que dar importancia a cosas que no mide PISA está casi mal visto. Lo que no es medible, parecen decirnos, no es serio.

La obsesión por medir, sin embargo, se dirige a los niños y a sus profesores. No se miden tan minuciosamente, sin embargo, los partidos políticos, los gobiernos, la Unión Europea, el Banco de España, las cajas de ahorros, los evasores de impuestos, los prejubilados masivos a costa del Estado, los sindicatos, los empresarios, los presupuestos municipales o los dineros destinados a obras públicas tan descomunales como innecesarias, por poner algunos ejemplos.

La lista de cosas que no se miden es interminable, pero resulta especialmente importante medir a alumnos primero y luego a sus profesores, porque la solución a los problemas de nuestra sociedad es aplicar el voltímetro a las “situaciones de aprendizaje” y dar cuenta, de forma objetiva, de los resultados obtenidos.

El experimento, sin embargo, carece de aspectos básicos para considerarse una buena iniciativa. Por ejemplo, el ministerio no crea un grupo de control, es decir, un grupo que crea estar siguiendo la ley pero que en realidad esté siguiendo un BOE-placebo. Tendría toda la lógica, si tan importante es la objetividad. El ministerio tampoco permite que alguien proponga formas diferentes de mejorar los resultados de PISA. Suponiendo que esto fuera tan importante, ¿por qué tanto empeño en evitar vías alternativas? ¿Por qué no decidir, por ejemplo, que el 5% de los centros educativos haga su propia propuesta y muestre dentro de cinco o diez años cómo le ha ido?

La política educativa parece basarse en la desconfianza. Se desconfía de los docentes al decirles: esta es la lista de cosas que tienes que trabajar, no trabajes otras. Se desconfía de las comunidades autónomas al decirles: todas os vais a someter, queráis o no, a estos criterios. Se desconfía de los centros al decirles: podríais decidir un 90% de lo que hacéis, pero preferimos que sea un 5%. Esto es lo que se hace en nombre del avance de la educación y se presenta como una propuesta comprometida con el futuro. En realidad es una propuesta de personas que piensan que la buena educación la tendrán quienes la busquen por sus propios medios. Es una propuesta que ignora el valor ingente del caudal humano de una sociedad, y es este valor el que hará que la propuesta no haga todo el daño que se propone hacer.

La semana pasada viví una experiencia relacionada de alguna manera con este tema de la objetivación y de la obsesión por examinar cosas medibles. Mi sobrina estudia música y me pidió ayuda para un examen. El examen era de acordes y tenía una peculiaridad: no le pedían nada que tuviera que ver con el sonido de los acordes. Es decir, nada que ver con la música. Algo similar a aprender cocina sin cocinar, deportes sin jugar, papiroflexia sin doblar papel o volar cometas sin volar cometas. Con gran dolor de mi corazón le ayudé a preparar un tipo de examen que pensaba que estaba sepultado en la historia de la ignominia de la educación musical, pero que sigue haciéndose.

En primaria alguien quiere que pase igual. Las pruebas hablarán de estándares, pero no hablarán de cómo se tratan los alumnos entre ellos, de cómo recuerdan su relación con las maestras, de la experiencias que marcaron su vida o despertaron su curiosidad, o de las miles de cosas que nunca jamás podrán evaluarse objetivamente con decimales.

Alguien quiere que las guitarras no tengan cuerdas y que nos aprendamos el nombre, los intervalos, las fundamentales, las inversiones y las cadencias de acordes mirando en silencio la posición de los dedos sobre los trastes. La música nos podría distraer de estas cosas tan importantes.

***

Primer párrafo del currículo básico de primaria, publicado en el BOE. Si tienes valor, intenta entenderlo. Podría entrar en las próximas pruebas PISA 
La Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la Mejora de la Calidad Educativa, ha modificado el artículo 6 de la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación, para definir el currículo como la regulación de los elementos que determinan los procesos de enseñanza y aprendizaje para cada una de las enseñanzas. El currículo estará integrado por los objetivos de cada enseñanza y etapa educativa; las competencias, o capacidades para activar y aplicar de forma integrada los contenidos propios de cada enseñanza y etapa educativa, para lograr la realización adecuada de actividades y la resolución eficaz de problemas complejos, los contenidos, o conjuntos de conocimientos, habilidades,destrezas y actitudes que contribuyen al logro de los objetivos de cada enseñanza y etapa educativa y a la adquisición de competencias; la metodología didáctica, que comprende tanto la descripción de las prácticas docentes como la organización del trabajo de los docentes; los estándares y resultados de aprendizaje evaluables; y los criterios de evaluación del grado de adquisición de las competencias y del logro de los objetivos de cada enseñanza y etapa educativa. Los contenidos se ordenan en asignaturas, que se clasifican en materias, ámbitos, áreas y módulos en función de las enseñanzas, las etapas educativas o los programas en que participe el alumnado.

 

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7 comentarios to “Guitarras sin cuerdas”


  1. maeztro, lo de siempre … acaso la educación pública y generalizada no nace desde el ejército PRUSIANO ? ..#UNPONÉ #porpreguntáNOmas

  2. Pedro Sarmiento Says:

    sí, pero es que estos son más prusianistas que los prusianos


  3. brillante y lúcido como pocos, coincido plenamente con cada una de les palabras escritas, y especialmente con el título del post!
    con cariño desde Barcelona, con 25 años de experiencia docente y con la música en las venas

  4. Anónimo Says:

    Lo siento. Hice mi mejor esfuerzo pero no pude terminar de leer el artículo. No solo el párrafo que recusa, sino todo él, está escrito con un nivel de abstracción que me hace dudar de la utilidad del debate. Y cuando critida el supuesto sistema de evaluación estandarizado, se agravia por igual de que no se aplique igual temperamento a banqueros, empresarios, prejubilados a costa del estado y sindicalistas. Aunque a mi en lo personal me parece bien la anomalía, no se justifica realmente porqué se incluye en esa buena enumeración estratos de tan diversa justificación ideológica.

    • Pedro Sarmiento Says:

      Me encanta la sinceridad, porque muchas veces no puedo terminar de leer textos de otras personas. Gracias.

      Creo que hay una obsesión injustificada por evaluar a los profesores y a los sistemas educativos. Mientras que evaluar es razonable, lo que se hace ahora es obsesionarse y culpar de todos los males de la sociedad a los docentes.

      Creo que es una época en la que hay cosas mucho más objetivas, como la gestión del dinero público, que se han descuidado de forma preocupante hasta crear grandes bolsas de probreza donde había prosperidad. Al lado de esos gigantescos descuidos, los defectos de la educación son nimiedades de fácil solución, y no lo contrario.

      Saludos

  5. Pepe Lozano Says:

    Gracias por tu análisis Pedro, y por la metáfora de la guitarra.
    Nos vemos

    • Pedro Sarmiento Says:

      Gracias a ti, Pepe. A ver si es verdad que nos vemos. Estuve en EABE14 “y no estabas tú” ;)


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